¿Transporte público o transporte de resignación?
El transporte público en La Unión de Cartago se ha convertido, para muchos usuarios, en una verdadera preocupación.
Unidades que presentan condiciones cuestionables, un servicio que deja mucho que desear y, en algunos casos, conductores que parecen haber olvidado que detrás de cada pasaje hay una persona que merece respeto, buen trato y un servicio digno.
Y aquí surge una pregunta inevitable: ¿quién está fiscalizando realmente el servicio que reciben los usuarios?
El Consejo de Transporte Público, como ente encargado de la regulación y fiscalización del transporte público, debería escuchar las inquietudes de quienes utilizan diariamente estos servicios. Las quejas de los usuarios no deberían terminar simplemente en un expediente o convertirse en números dentro de una estadística.
El ciudadano de a pie no puede ser siempre quien pague las consecuencias.
Pero también tenemos que hacer una autocrítica como comunidad. ¿Cuánto estamos dispuestos a reclamar por nuestros derechos? Porque mientras permanecemos callados, otros deciden por nosotros.
Nos hemos acostumbrado a quejarnos en redes sociales, a escribir un comentario, compartir una publicación y después continuar como si nada hubiera pasado.
Y una comunidad organizada puede hacer mucho más.
No se trata de violencia, de destruir, de ofender ni de enfrentarse con nadie. Se trata de participación ciudadana, de levantar la voz de manera pacífica y ordenada y decir: ¡ya basta, queremos un transporte público digno!
Tal vez ha llegado el momento de que La Unión despierte y comprenda que hay temas mucho más importantes que cualquier partido de fútbol.
El bienestar de nuestras familias, nuestros adultos mayores, nuestros estudiantes, nuestros trabajadores y todas aquellas personas que dependen diariamente del transporte público debería ocupar un lugar prioritario.
Las redes sociales sirven para informar. Pero las calles, cuando se utilizan de manera pacífica, organizada y responsable, también son un espacio legítimo de participación ciudadana.
Si existe inconformidad, hagámosla visible.
Si existen denuncias, presentémoslas.
Si existen problemas, exijamos soluciones.
Porque el transporte público no es un favor que se le hace al ciudadano.
Es un servicio que el ciudadano paga y, por lo tanto, tiene derecho a exigir que sea digno, seguro y respetuoso.
La Unión necesita despertar. Pero despertar no significa destruir: significa participar, organizarse y exigir.
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