HERNÁN MEDFORD Y EL DERECHO A CUESTIONAR AL FÚTBOL NACIONAL
¿Por qué se molestan cuando la crítica no es de su agrado?
Por: Notas y Más | Editorial deportiva
Me llama poderosamente la atención la forma en que Hernán Medford, director técnico del Deportivo Saprissa, se expresa en algunas conferencias de prensa. Sus reacciones ante los cuestionamientos periodísticos abren una discusión necesaria: ¿están preparados nuestros entrenadores para aceptar las críticas cuando los resultados o el rendimiento del equipo no son los esperados?
El fútbol profesional no se construye únicamente con títulos, historia y recuerdos. También se sostiene con resultados, rendimiento, competitividad y capacidad para responder a las expectativas de una afición que paga entradas, consume transmisiones y mantiene viva la pasión por sus equipos.
Y es precisamente ahí donde debemos detenernos a analizar la realidad del fútbol costarricense.
Hace muchos años que nuestro balompié dejó de mostrar, de manera consistente, aquella capacidad para competir internacionalmente y trascender más allá de nuestras fronteras. Esto no significa desconocer los logros históricos de nuestros clubes ni el talento de nuestros jugadores. Significa reconocer que la historia, por sí sola, no garantiza el presente ni mucho menos el futuro.
El Deportivo Saprissa es una institución con una trayectoria importante, una numerosa afición y múltiples títulos nacionales. Sin embargo, cuando se habla de ser el equipo más grande de Centroamérica, también corresponde preguntarse qué criterios respaldan esa afirmación: los campeonatos conquistados, la trayectoria internacional, el rendimiento actual o una combinación de todos ellos.
Recordemos su participación en el Mundial de Clubes de 2005, cuando alcanzó el tercer lugar en un torneo de seis equipos. Fue un logro histórico para el fútbol costarricense, pero también es importante entender que se trata de un antecedente y no de una garantía permanente de superioridad deportiva.
La historia merece respeto, pero no puede convertirse en un escudo contra las preguntas incómodas.
Si el Saprissa necesita disputar una serie de repechaje para alcanzar una competición internacional, es legítimo que la prensa y la afición pregunten por qué se llegó a esa instancia, cómo fue el rendimiento del equipo y qué aspectos deben mejorar. Si al conjunto morado le cuesta superar a un rival como el FAS de El Salvador —cuyo nombre conviene confirmar en relación con la serie mencionada—, también es válido analizar su desempeño sin que eso deba interpretarse automáticamente como un ataque al club.
En el deporte profesional, clasificar es importante, pero la forma de hacerlo también genera análisis. Una cosa es celebrar el objetivo alcanzado y otra muy distinta es pretender que nadie cuestione el camino recorrido.
Por eso, las conferencias de prensa deben ser espacios para explicar decisiones, responder preguntas y analizar el rendimiento deportivo. El periodista no está obligado a elogiar al entrenador, así como el entrenador no está obligado a compartir cada opinión de la prensa. Lo que sí debe existir es respeto mutuo y disposición para debatir.
Cuando las preguntas son favorables, todo parece marchar bien. Pero cuando llegan los cuestionamientos, es precisamente cuando se demuestra la capacidad de responder con argumentos, serenidad y profesionalismo.
Hernán Medford tiene una trayectoria reconocida dentro del fútbol costarricense. Precisamente por esa experiencia, sus intervenciones públicas merecen ser analizadas con el mismo rigor con el que se examina el trabajo de cualquier otro entrenador. La crítica debe dirigirse a sus declaraciones y reacciones concretas, no convertirse en un ataque personal.
Porque aquí no se trata de Saprissa contra sus detractores, ni de periodistas contra entrenadores. Se trata de comprender que el fútbol profesional está expuesto al escrutinio público y que ninguna institución, por grande que sea su historia, está por encima de las preguntas.
El fútbol costarricense necesita recuperar competitividad, autocrítica y capacidad de crecimiento. Para lograrlo, también necesita entrenadores dispuestos a escuchar, periodistas capaces de preguntar con fundamento y dirigentes que entiendan que la crítica forma parte de la actividad deportiva.
La afición merece explicaciones. La prensa tiene derecho a preguntar. Y los entrenadores tienen la oportunidad de responder demostrando que su liderazgo no se mide solamente por lo que hacen dentro de la cancha, sino también por la manera en que afrontan la presión fuera de ella.
Porque los títulos se celebran, la historia se respeta y los logros se reconocen. Pero el presente se analiza y el rendimiento se cuestiona.
En el fútbol, como en cualquier otra actividad pública, no basta con tener historia. También hay que saber responder por el presente.
Notas y Más — Editorial deportiva.
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